sábado, 8 de marzo de 2008

Sonidos alternantes y la “motosidad” del castellano de los quechuahablantes

En 1889 Franz Boas publicaba un pequeño artículo que vendría a ser un clásico de la antropología lingüística: “Sobre sonidos alternantes” (1) discute un fenómeno que algunos de sus contemporáneos atribuían al primitivismo de ciertas lenguas indígenas de América: los indígenas pronunciaban, en sus lenguas, la misma palabra unas veces de una forma y otras de otra. Boas muestra que este fenómeno no era intrínseco a las lenguas nativas sino a la estructura fonológica del lenguaje del oyente. Esto es, el fenómeno se trataba de la percepción alternante de sonido en lugar de una producción alternante de sonido.

Un ejemplo visual que ilustra esto es el siguiente: “Es bien conocido que muchas lenguas carecen de una palabra para verde. Si mostramos a un individuo que habla ese idioma una serie de laminas verdes, el llamará a algunas amarillas y a otras azules siendo incierto el límite entre estas categorías. Algunos colores los clasificará hoy como amarillos y mañana como azules. El solo puede percibir el verde a través del amarillo y del azul.”

Así, la manera cómo percibimos el mundo sigue los patrones del conocimiento y las categorías previas que manejamos. “Se ha encontrado que vocabularios hechos del idioma esquimal, a pesar de haber sido elaborados con marcas diacríticas o alfabetos especiales, muestran evidencia de la fonética de los lenguajes de quienes los han producido. Esto sólo puede ser explicado por el hecho de que cada uno percibe los sonidos desconocidos a través de los sonidos de su propio lenguaje”.

Esto es lo que nos pasa a quienes hemos sido socializados en castellano cuando escuchamos el castellano hablado por personas que tienen el quechua como lengua materna. Y es que las estructuras fonológicas del quechua y del castellano son distintas. Particularmente respecto a las vocales, el quechua de los runas no tiene la vocal castellana ‘e’ ni la ‘i’ sino una intermedia entre ambas, que se produce en un lugar distinto de la boca. Lo mismo pasa con la ‘o’ y la ‘u’. Cuando un quechuahablante pronuncia una palabra castellana que contiene ‘e’ o ‘i’, no usa las estas vocales castellanas sino la vocal quechua intermedia. De este modo los que tenemos el castellano como lengua materna, al no identificar esta vocal como ‘e’ la clasificamos como ‘i’, y viceversa. Así por ejemplo, escuchamos que los quechuahablantes dicen ‘merando’ en lugar de ‘mirando’; y oímos que dicen ‘istaba’ en lugar de ‘estaba’. Lo mismo pasa para la ‘o’ y la ‘u’. Este fenómeno de alternancia en cómo escuchamos la misma vocal quechua (ya sea como ‘i’ o ‘e’ / ‘o’ o ‘u’), es precisamente el mismo al que se refería Boas en su texto del siglo antepasado. Mientras este fenómeno era atribuido a la primitividad de los idiomas indígenas por sus contemporáneos, para nosotros funciona como un indicador de ignorancia o falta de inteligencia. Esto es parte del fenómeno que se conoce despectivamente como el “mote” de los quechuahablantes.

Pero, ¿es que un quechuahablante no puede aprender a pronunciar correctamente el castellano? El aprendizaje del idioma materno es fundamental en la configuración de los tipos de sonidos que podemos producir con nuestro aparato vocal. Nuestros músculos se especializan en producir cierto tipo de sonidos. Es así que cuando uno aprende una segunda lengua la pronunciación siempre lleva la impronta de la lengua materna. Hay quienes hablan mejor que otros una segunda lengua pero por lo general es muy fácil notar cuando alguien cuya lengua materna no es la nuestra, habla en ella. Esto sucede por igual si es que el que habla castellano es un angloparlante, francoparlante o quechuahablante. La cultura moldea nuestros músculos. Es importante notar sin embargo que la “motosidad” de un angloparlante no tiene la misma significación social que aquella de un quechuahablante. Es allí donde nuestras ideologías sobre quien es quien en el mundo atribuyen a estos fenómenos sonoros significados sociales, sin que muchas veces siquiera estemos conscientes de ello.

(1) Boas, F. (1889). On alternating sounds. American Anthropologist 2 (1), 47-54.

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YAPA

Qué hace Boas en la foto?

Esta posando cómo un danzante Hamats'a sale de la habitación secreta.

Although Boas had taken numerous photographs of posed dancers and ceremonial orators during his field trip, he had no in situ images of the Hamat’sa phase he chose to depict. In order to insure the gestural accuracy of the individual figures, Boas himself posed for a museum photographer in the aspect of each ceremonial player: seated drummers, standing dance attendants, and crouching initiate. He was not the only early anthropologist to do so: both Frank Hamilton Cushing and James Mooney also posed for similar images. These were, after all, the first generation of American fieldworkers, and they may have been promoting the new methodology of participant observation by literally performing their recently acquired embodied knowledge in front of their armchair rivals on the east coast, while recording the evidence for posterity.

Tomado de aquí.

Foto de los Andes de aquí.

1 comentario:

aprendiendo linguistica dijo...

Bastante interesante el articulo. Ojala pueda el gobierno hacer algo con la educación, para que se ponga un alto a la alienanización que se ha ido cultivando en las últimas décadas sobre que lengua es mejor que la otra. Lo único que trae son perjucios a nuestra nación, puesto que genera discriminación.