domingo, 20 de abril de 2008

Comentarios a "Chaska, una historia andina"

Chaska, una historia andina es el primer montaje de Kusikay (que asumo debería leerse kusi kay - se feliz - para que tenga algún sentido) que se presenta en el teatro Garcilaso desde hace ya un par de meses.

Hay que celebrar este montaje en tanto incrementa la oferta teatral y de espectáculos en la ciudad. El montaje no es solo de teatro en sentido estricto, lo es tambien de danza, música, acrobacia e incluye elementos de video. Es un espectáculo fresco y novedoso, ágil y sin acartonamientos, con una producción muy buena en vestuario, máscaras, luces, video y escenografía.

Es, sin duda, un espectáculo pensado para turistas extranjeros (la entrada cuesta 20 y 30 dólares. Solo los viernes los cusqueños, con DNI en mano, podemos acudir pagando 15 soles). Espero equivocarme pero esto tendría como efecto negativo que el mismo montaje este allí miles de años sin variarse debido a que los turistas varían constantemente y cada semana se tendrá un público diferente. Esto es una desventaja para los cusqueños que quisiéramos ver montajes nuevos.


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Hay que reconocer que la gente de Kusikay detectó oportunamente una carencia, de las que hay multitud, en los servicios turísticos de esta ciudad. Los espectáculos de danza folclórica en la ciudad son escasos y pobres. Aparte de los interminables concursos de danza que inundan la ciudad en junio, la gran mayoría de música y danza se da en restaurantes turísticos como complemento de la comida. Generalmente el espectáculo empieza interrumpiendo la conversación que uno va teniendo. No es pues el mejor contexto para presentar música y danza, las que terminan siendo un relleno a veces indeseable. Tambien hay música en vivo en algunas discotecas, aunque tiende a ser versiones ‘latinoamericanizadas’ de música supuestamente folclórica.

La otra gran referencia sobre danza es el espectáculo que ofrece el Centro Qosqo de Arte Nativo, cuya entrada esta incluida en el Boleto Turístico y gracias a eso goza de llenos diarios. Demás esta decir que el Centro Qosqo es una institución pionera en la región y el país en la creación de la tradición de poner en escenarios de teatro recreaciones de la danza y música de los pueblos rurales de la región. En parte gracias al Centro Qosqo es que hoy casi todo joven cusqueño termina en algún momento danzando vestido de campesino en la Plaza de Armas del Cusco, y más lejanamente que casi todo colegio en Lima tenga talleres de danza folclórica andina.

Pero, la verdad es que el espectáculo del Centro Qosqo es, para decirlo en una palabra, aburrido. Se trata de danzas de unos cinco minutos las cuales son introducidas por textos introductorios que pretenden situarlas mencionando el lugar de procedencia y el contexto en el que son bailadas. Luego de la danza viene un intermedio musical mientras los danzantes se cambian para la siguiente danza, y así hasta el final. Supongo que en su momento esta formula era exitosa, pero si eres una persona que no esta particularmente interesada en estas danzas es difícil no aburrirse a la mitad del espectáculo.

Se dirá quizás que a diferencia de Chaska, no se trata de una ficción sino de la representación de la cultura viva. Pues no es así. Las danzas que se presentan en el Centro Qosqo son representaciones que supuestamente recopiladores vieron en pueblitos alejados en los cincuentas o antes. A partir de lo que vieron, de sus “captaciones” hicieron coreografías y construyeron danzas para el escenario. Si uno viaja en las fiestas rurales contemporáneas, y con seguridad esto tambien pasaba en los cincuentas, no encontrara ninguna de las “estampas” que se presentan en el Centro Qosqo. Este espectáculo necesita pues urgente trabajo nuevo, creativo y que tome nuevos riesgos para que no sea uno que solo sobrevive con los vestigios de su prestigio y por su inclusión en el boleto turístico.


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Pero no todo es felicidad en el montaje de Chaska. Aquí me referiré a dos problemas:

Ya he mencionado la espectacularidad de Chaska. Pues bien, un primer problema es que solo se sostiene con esta espectacularidad. Sin ella no es nada. No existe un argumento que articule claramente los diferentes episodios que la obra nos muestra.

He aquí un pequeño resumen de la obra: La desgracia se cierne sobre Kusillaqta pues el pájaro Chiwaku no puede llegar a brindar la luz, entonces el pueblo elige a Chaska para que vaya a encontrarse con el Apu a solucionar este problema, acompañada por un ukuku y guiada por un Auki, un abuelo. Así se inicia el viaje ascendente de Chaska. En medio de este el Auki le (nos) presenta cuatro episodios ‘mitologico-historicos’: el castigo del dios Kon a una humanidad previa a la contemporánea; el sacrificio humano Moche del enemigo vencido; la aparición de los Pururawka, los guerreros de piedra debido a la extraordinaria participación de Mama Anawarki, en una versión libre de la derrota de los Chankas por Pachacútec; y finalmente un intermedio de danza moderna que luego nos enteramos que es la representación del Taki Unquy. Luego de ver todas estas cosas Chaska llega al final de su viaje donde ‘entiende’ que debe autosacrificarse por el bien de su pueblo y así lo hace. La obra concluye con el agradecimiento a Chaska por su sacrificio, el arribo del pájaro Chiwaku que trae la luz y la alegre fiesta en Kusillaqta.

No se trata aquí de calificar o descalificar los episodios ‘mitico-historicos’ que se introducen en relación a su forma ‘autentica’ o algo parecido. Es mas, la irreverencia con que se representa a los oficiales de Pachacútec es refrescante en un contexto donde ya estamos cansados de ver incas demasiado solemnes. El problema es más bien que estos episodios no tienen una relación orgánica con la trama central del viaje de Chaska. Uno supondría que estos episodios son parte de un viaje de transformación en el cual Chaska entiende su misión y se convence de la necesidad de su suicidio… pero ese no es el caso. Estos episodios, por más que le he dado vueltas, no tienen nada que ver con el sacrificio voluntario de Chaska. El único episodio de sacrificio es el moche, donde a quien se sacrifica es al vencido en una lucha y eso no tiene mayor sentido respecto al suicidio de Chaska. Menos los otros episodios. De esta forma el suicidio de Chaska es irracional y agarra fríos a los espectadores que no tienen forma de explicárselo o contextualizarlo.

El segundo problema, este quizás mas grave, es el mismo sacrificio. Aquí se recurre a la leyenda urbana del sacrificio humano andino. Cuando se presenta al ukuku se tiene un atisbo de este tema. El anciano dice “ukuku muerto no se llora”. Esto apela directamente a la supuesta inevitabilidad de la muerte de algún ukuku en la ascensión al nevado Qulqipunku durante la peregrinación de Quyllurit’i, y que supuestamente estas muertes no son lloradas pues se trata de un sacrificio al nevado. Esto es falso, es una leyenda urbana alimentada por muchos irresponsables que la repiten, en libros y reportajes periodísticos, sin entender lo que están haciendo. Para ponerlo claro, ningún pablucha que yo haya entrevistado en los ya largos años que voy a Quyllurit’i sube al nevado esperando sacrificarse por el bien de su comunidad. Los pablitos son bastante cuidadosos con su seguridad y con la seguridad de sus compañeros. Cuando alguien muere en el nevado, esto no se festeja en el Santuario, es mas bien una noticia penosa y triste, y normalmente se comienza a hacer una colecta entre los peregrinos anunciada por los altavoces mencionando, de ser el caso, que el difundo deja esposa y niños huérfanos por el accidente. La muerte de un ukuku u otro miembro de una delegación es mas bien una mala noticia para toda la comunidad y antes que como un sacrificio es leída como un castigo de la divinidad a la persona y a la comunidad.

Este tema del sacrificio humano andino está tambien presente en la interpretación que algunos intelectuales y periodistas hacen de las muertes que ocurren en las ‘batallas’ de Chiaraje en Canas. Tal como lo muestra Marisa Remy en un articulo ya bastante antiguo[1], la forma como se ha ido construyendo esta idea respecto al Chiaraje (que necesariamente debe morir alguien y que existe la idea que esta muerte es fundamental para que haya buena cosecha) ha gozado de la activa participación de intelectuales que han usado con poca rigurosidad fuentes etno-históricas en sus escritos.

El desenlace de Chaska, una historia andina, se inscribe en esta tradición más bien urbana que imagina que las poblaciones rurales andinas contemporáneas consideran el sacrificio humano como un aspecto intrínseco de su relación con las divinidades de la naturaleza. Esto la hace pariente de otros retratos ficcionales de las sociedades andinas que debido al modo en que la ficcionalizan contribuyen a reproducir estereotipos discriminadores de los andinos rurales: allí están Lituma en los Andes de MVLl, donde se encuentra claramente el mismo argumento de los sacrificios humanos, o la película Madeindusa que proyecta amoralidad instrumental en los personajes andinos que construye.

Debido a los datos etnográficos sobre la peregrinación de Quyllurit’i que introduje arriba se me puede acusar de no poder imaginar a los andinos como sujetos de ficción. Se me reclamara, pero Chaska es solo una ficción, no hay porque hacerse bolas.

Pues si hay por que hacérselas. La primera razón es porque la leyenda urbana del sacrificio humano andino, gracias a artículos periodísticos, crónicas en revistas de turismo y libros de divulgación poco serios, es considerada verosímil por un buen sector urbano. Esto es, su carácter ficcional por lo menos puesto en duda. Entonces una ficción que se construye en base a esta contribuye a reproducirla.

En segundo lugar, tal como Gisela Cánepa elabora para el caso de Madeinusa,[2] el problema de apelar a la leyenda urbana del sacrificio humano andino, en Chaska o en Lituma en los Andes, no radica en que los andinos no sean así ‘realmente’ sino justamente en la forma como se los ficcionaliza: como irracionales asesinos-suicidas ciegamente creyentes en rituales mágicos, en Lituma con el cariz de salvajes ignorantes, en Chaska barnizados bajo la espectacularidad de la música/danza/acrobacia y el romanticismo bucólico de una otredad andina esencial. Las referencias en ambos casos son demasiado claras y directas a la población rural quechua para poder lavarse las manos y escudarse en la justificación de la ficción.

El mito del sacrificio humano andino contemporáneo está emparentado a ciertas fobias esencialmente ligadas a formas de discriminación. De esta leyenda urbana al miedo irracional a que ‘bajen los indios’ que cundió en las ciudades durante las rebeliones campesinas de los 20s de las que nos habla Flores Galindo en Buscando un Inca, de la calificación de ciertos grupos andinos como ‘milenaria y esencialmente violentos’ como en su momento se sostuvo sobre los iquichanos para tratar de explicar la muerte de ocho periodistas, o el apelar a una explicación exclusivamente culturalista para entender los linchamientos en Puno, hay corto trecho tal como lo explican Marisa Remy en el articulo citado, el trabajo de Cecilia Mendez sobre los iquichanos o Gisela Canepa en su texto sobre los sucesos de Ilave.[3]



[1] Remy, M. I. 1991. "Los discursos sobre la violencia en los Andes. Algunas reflexiones a propósito del Chiaraje," in Poder y violencia en los Andes. Edited by H. Urbano and M. Lauer. Cusco: CBC.

[2] Cánepa, G. 2006. Discriminación y ficción en Madeinusa, o acerca del carácter discriminatorio de Madeinusa y de la imposibilidad de imaginar al individuo andino como sujeto de ficción.

[3] Cánepa, G. 2004. Los antropólogos y los sucesos de Ilave. Quehacer

Aqui la pagina oficial de Kusikay y Chaska

Otras crónicas:

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