martes, 29 de abril de 2008

Pronunciamiento de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

"Rechaza el uso de la violencia y el terror como medio para enfrentar los problemas sociales y políticos" (tercer principio de la Coordinadora)

Las organizaciones que formamos parte de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, hemos acordado por consenso dirigirnos a la opinión pública nacional e internacional para señalar lo siguiente:

1. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos siempre ha condenado y condena las violaciones de derechos humanos cometidas por el MRTA. Para nosotros, como para la absoluta mayoría de peruanos y peruanas, las atrocidades que perpetró el MRTA son actos terroristas, tal como ya lo documentó la Comisión de la Verdad y Reconciliación. En ese sentido, más allá de que dicha organización permanezca activa o no, su inclusión en cualquier lista de organizaciones terroristas puede contribuir a mantener presente el estigma de sus atrocidades y a defender la paz, la institucionalidad democrática y los derechos humanos.

2. Asimismo, rechaza firmemente la campaña contra la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH), integrante de la Coordinadora, y expresa su solidaridad con esta institución que cuenta con el respaldo de una larga y fructífera trayectoria en la promoción y defensa de los derechos humanos y la democracia. Alertamos que esta campaña proviene del fujimorismo y de algunos sectores del Gobierno y a los que la labor de las organizaciones de derechos humanos les ha resultado contraria a sus intereses; cabe recordar que Aprodeh tuvo un papel importante en el proceso de extradición de Alberto Fujimori.

3. Finalmente, preocupan las crecientes expresiones e iniciativas provenientes de sectores del Gobierno y del Congreso que, pretextando un supuesto vínculo con el terrorismo, descalifican opiniones críticas, manifestaciones legítimas de protesta o a activistas de derechos humanos. Tales acciones representan un peligro para el ejercicio de las libertades fundamentales. El crecimiento económico debe ir de la mano con las libertades y por ello no se puede deslegitimar el papel que cumplen las organizaciones de sociedad civil. Ante la cercanía de la próxima Cumbre ALC-UE, mal hacen sectores del Gobierno y del Congreso en alimentar una imagen y un clima de intolerancia y enfrentamiento.

Consejo Directivo Nacional
Lima, 28 de Abril del 2008

miércoles, 23 de abril de 2008

Sobre la vitalidad del quechua

Si bien nunca he sido un fan de Uchpa, aqui un link a un post sobre el quechua en Lima. Uchpa, Damaris.

Este otro post del mismo blog, aunque algo antiguo, también es pertinente

Y aqui estan todos los post de
La Peña Lingüística que tienen que ver con el Quechua.

lunes, 21 de abril de 2008

Japu y el Registro Civil

Tres de mis comadres de Japu no tienen DNI de modo que no pueden recibir el generoso aporte con el que el Estado dice estar luchando contra la pobreza a través del programa Juntos: cien nuevos soles mensuales.

Y es que tampoco tenían (y siguen sin tener) partida de nacimiento cuando llego el funcionario de la RENIEC para gestionar especialmente los DNI que faltaban o que estaban caducos.

El lugar mas cercano dentro de la jurisdicción de Paucartambo a la que pueden acudir mis comadres para sacar una partida de nacimiento extemporánea es la Oficina de Registro Civil del CPM de Quico, a unas cuatro horas de camino. Allí este tramite les costaría unos 20 soles. Pero el encargado sostiene que hace mas de un mes no tiene los formatos necesarios para hacer nuevas inscripciones. De modo que nos fuimos a Marcapata, a ver si allí se podían inscribir. Allí este tramite costaría 30 soles. Pues resulta que tampoco tienen allí los formatos necesarios pues se los tienen que mandar desde Lima, y ya van un mes en el que no pueden inscribir a nadie. Además, para inscribirse extemporáneamente se necesita un certificado de sobrevivencia que tiene que emitir la PNP. El policía de turno dice que Japu no pertenece a la jurisdicción de Marcapata, así que no puede extender ningún certificado de sobrevivencia a mis comadres.

De modo que ellas, siguen sin su partida de nacimiento, sin su DNI, y sin sus 100 soles mensuales que buena falta les hace.

Otras señoras que si tienen su DNI acuden a Ocongate, a unas 9 horas de caminata, para recibir mensualmente sus 100 soles del programa Juntos. Pero a veces están los 100 morlacos, a veces simplemente sus nombres no aparecen en la lista. Al preguntarle al funcionario, este dice, pregúntele al encargado de Paucartambo, su provincia, yo soy el de Quispicanchis y no tengo responsabilidad sobre eso. Claro, para ir a Paucartambo hay que o caminar dos días o costearse el pasaje a Cusco y de allí a Paucartambo que en conjunto excede los 50 soles.

Aparte de esta división provincial absurda que les causa ya bastantes problemas a los vecinos de Japu, se tiene que hacer algo con este asunto del DNI. No se va a solucionar el problema de tantos indocumentados solo conminándolos a través de su exclusión de los programas sociales a entrar al redil de la RENIEC. Frente a la antigua Libreta Electoral que no caducaba y que era gratuita, el DNI solo es valido por 6 años y cuesta. Como consecuencia el número de indocumentados en el país ha aumentado ¿No es esto de lo más absurdo y estúpido? ¿Donde quedó el derecho a la identidad tan bellamente escrito en la Constitución?

Japu y el Seguro Integral de Salud

Al parecer por una desgracia del destino, la comunidad campesina de Japu se encuentra en la jurisdicción de la provincial de Paucartambo. Para llegar de Japu al pueblo de Paucartambo se necesitan de dos jornadas de caminata a pie, cada una de 14 horas, al paso veloz de los pobladores rurales andinos. En contraste para llegar al pueblo de Marcapata, capital del distrito del mismo nombre de la vecina provincia de Quispicanchis, se necesitan de 7 horas de caminata.

Resulta que los habitantes de Japu, por sus niveles de ingresos, deben estar considerados en el Seguro Integral de Salud, pero para poder gozar de los beneficios de este seguro tienen que ir necesariamente al Centro de Salud de Paucartambo. Si van al Centro de Salud de Marcapata simplemente tendrán que pagar por consulta y medicinas. Así son las normas y al parecer el personal del centro de salud no puede hacer nada frente a normas que vienen de arriba. Osea que si me hubiera tocado nacer en Japu y mi niño estaría mal y no tengo plata, tendría que llevarlo a pie 28 horas hasta Paucartambo en lugar de 7 a Marcapata o dejar que se muera. ¿No es esto criminal?

Este es solo un caso, pero deben haber muchos mas que desconozco y que siguen causando muerte frente a la indolencia de las autoridades. Es tan difícil reasignar comunidades a diferentes puestos de salud con un criterio de cercanía antes que de acuerdo a ciertas absurdas divisiones provinciales. O es tan difícil cambiar estas divisiones absurdas (parece que esto ultimo si lo es, sobre todo por la intransigencia de muchos alcaldes, pero ese es un tema que tratare luego).

domingo, 20 de abril de 2008

Comentarios a "Chaska, una historia andina"

Chaska, una historia andina es el primer montaje de Kusikay (que asumo debería leerse kusi kay - se feliz - para que tenga algún sentido) que se presenta en el teatro Garcilaso desde hace ya un par de meses.

Hay que celebrar este montaje en tanto incrementa la oferta teatral y de espectáculos en la ciudad. El montaje no es solo de teatro en sentido estricto, lo es tambien de danza, música, acrobacia e incluye elementos de video. Es un espectáculo fresco y novedoso, ágil y sin acartonamientos, con una producción muy buena en vestuario, máscaras, luces, video y escenografía.

Es, sin duda, un espectáculo pensado para turistas extranjeros (la entrada cuesta 20 y 30 dólares. Solo los viernes los cusqueños, con DNI en mano, podemos acudir pagando 15 soles). Espero equivocarme pero esto tendría como efecto negativo que el mismo montaje este allí miles de años sin variarse debido a que los turistas varían constantemente y cada semana se tendrá un público diferente. Esto es una desventaja para los cusqueños que quisiéramos ver montajes nuevos.


* * *

Hay que reconocer que la gente de Kusikay detectó oportunamente una carencia, de las que hay multitud, en los servicios turísticos de esta ciudad. Los espectáculos de danza folclórica en la ciudad son escasos y pobres. Aparte de los interminables concursos de danza que inundan la ciudad en junio, la gran mayoría de música y danza se da en restaurantes turísticos como complemento de la comida. Generalmente el espectáculo empieza interrumpiendo la conversación que uno va teniendo. No es pues el mejor contexto para presentar música y danza, las que terminan siendo un relleno a veces indeseable. Tambien hay música en vivo en algunas discotecas, aunque tiende a ser versiones ‘latinoamericanizadas’ de música supuestamente folclórica.

La otra gran referencia sobre danza es el espectáculo que ofrece el Centro Qosqo de Arte Nativo, cuya entrada esta incluida en el Boleto Turístico y gracias a eso goza de llenos diarios. Demás esta decir que el Centro Qosqo es una institución pionera en la región y el país en la creación de la tradición de poner en escenarios de teatro recreaciones de la danza y música de los pueblos rurales de la región. En parte gracias al Centro Qosqo es que hoy casi todo joven cusqueño termina en algún momento danzando vestido de campesino en la Plaza de Armas del Cusco, y más lejanamente que casi todo colegio en Lima tenga talleres de danza folclórica andina.

Pero, la verdad es que el espectáculo del Centro Qosqo es, para decirlo en una palabra, aburrido. Se trata de danzas de unos cinco minutos las cuales son introducidas por textos introductorios que pretenden situarlas mencionando el lugar de procedencia y el contexto en el que son bailadas. Luego de la danza viene un intermedio musical mientras los danzantes se cambian para la siguiente danza, y así hasta el final. Supongo que en su momento esta formula era exitosa, pero si eres una persona que no esta particularmente interesada en estas danzas es difícil no aburrirse a la mitad del espectáculo.

Se dirá quizás que a diferencia de Chaska, no se trata de una ficción sino de la representación de la cultura viva. Pues no es así. Las danzas que se presentan en el Centro Qosqo son representaciones que supuestamente recopiladores vieron en pueblitos alejados en los cincuentas o antes. A partir de lo que vieron, de sus “captaciones” hicieron coreografías y construyeron danzas para el escenario. Si uno viaja en las fiestas rurales contemporáneas, y con seguridad esto tambien pasaba en los cincuentas, no encontrara ninguna de las “estampas” que se presentan en el Centro Qosqo. Este espectáculo necesita pues urgente trabajo nuevo, creativo y que tome nuevos riesgos para que no sea uno que solo sobrevive con los vestigios de su prestigio y por su inclusión en el boleto turístico.


* * *


Pero no todo es felicidad en el montaje de Chaska. Aquí me referiré a dos problemas:

Ya he mencionado la espectacularidad de Chaska. Pues bien, un primer problema es que solo se sostiene con esta espectacularidad. Sin ella no es nada. No existe un argumento que articule claramente los diferentes episodios que la obra nos muestra.

He aquí un pequeño resumen de la obra: La desgracia se cierne sobre Kusillaqta pues el pájaro Chiwaku no puede llegar a brindar la luz, entonces el pueblo elige a Chaska para que vaya a encontrarse con el Apu a solucionar este problema, acompañada por un ukuku y guiada por un Auki, un abuelo. Así se inicia el viaje ascendente de Chaska. En medio de este el Auki le (nos) presenta cuatro episodios ‘mitologico-historicos’: el castigo del dios Kon a una humanidad previa a la contemporánea; el sacrificio humano Moche del enemigo vencido; la aparición de los Pururawka, los guerreros de piedra debido a la extraordinaria participación de Mama Anawarki, en una versión libre de la derrota de los Chankas por Pachacútec; y finalmente un intermedio de danza moderna que luego nos enteramos que es la representación del Taki Unquy. Luego de ver todas estas cosas Chaska llega al final de su viaje donde ‘entiende’ que debe autosacrificarse por el bien de su pueblo y así lo hace. La obra concluye con el agradecimiento a Chaska por su sacrificio, el arribo del pájaro Chiwaku que trae la luz y la alegre fiesta en Kusillaqta.

No se trata aquí de calificar o descalificar los episodios ‘mitico-historicos’ que se introducen en relación a su forma ‘autentica’ o algo parecido. Es mas, la irreverencia con que se representa a los oficiales de Pachacútec es refrescante en un contexto donde ya estamos cansados de ver incas demasiado solemnes. El problema es más bien que estos episodios no tienen una relación orgánica con la trama central del viaje de Chaska. Uno supondría que estos episodios son parte de un viaje de transformación en el cual Chaska entiende su misión y se convence de la necesidad de su suicidio… pero ese no es el caso. Estos episodios, por más que le he dado vueltas, no tienen nada que ver con el sacrificio voluntario de Chaska. El único episodio de sacrificio es el moche, donde a quien se sacrifica es al vencido en una lucha y eso no tiene mayor sentido respecto al suicidio de Chaska. Menos los otros episodios. De esta forma el suicidio de Chaska es irracional y agarra fríos a los espectadores que no tienen forma de explicárselo o contextualizarlo.

El segundo problema, este quizás mas grave, es el mismo sacrificio. Aquí se recurre a la leyenda urbana del sacrificio humano andino. Cuando se presenta al ukuku se tiene un atisbo de este tema. El anciano dice “ukuku muerto no se llora”. Esto apela directamente a la supuesta inevitabilidad de la muerte de algún ukuku en la ascensión al nevado Qulqipunku durante la peregrinación de Quyllurit’i, y que supuestamente estas muertes no son lloradas pues se trata de un sacrificio al nevado. Esto es falso, es una leyenda urbana alimentada por muchos irresponsables que la repiten, en libros y reportajes periodísticos, sin entender lo que están haciendo. Para ponerlo claro, ningún pablucha que yo haya entrevistado en los ya largos años que voy a Quyllurit’i sube al nevado esperando sacrificarse por el bien de su comunidad. Los pablitos son bastante cuidadosos con su seguridad y con la seguridad de sus compañeros. Cuando alguien muere en el nevado, esto no se festeja en el Santuario, es mas bien una noticia penosa y triste, y normalmente se comienza a hacer una colecta entre los peregrinos anunciada por los altavoces mencionando, de ser el caso, que el difundo deja esposa y niños huérfanos por el accidente. La muerte de un ukuku u otro miembro de una delegación es mas bien una mala noticia para toda la comunidad y antes que como un sacrificio es leída como un castigo de la divinidad a la persona y a la comunidad.

Este tema del sacrificio humano andino está tambien presente en la interpretación que algunos intelectuales y periodistas hacen de las muertes que ocurren en las ‘batallas’ de Chiaraje en Canas. Tal como lo muestra Marisa Remy en un articulo ya bastante antiguo[1], la forma como se ha ido construyendo esta idea respecto al Chiaraje (que necesariamente debe morir alguien y que existe la idea que esta muerte es fundamental para que haya buena cosecha) ha gozado de la activa participación de intelectuales que han usado con poca rigurosidad fuentes etno-históricas en sus escritos.

El desenlace de Chaska, una historia andina, se inscribe en esta tradición más bien urbana que imagina que las poblaciones rurales andinas contemporáneas consideran el sacrificio humano como un aspecto intrínseco de su relación con las divinidades de la naturaleza. Esto la hace pariente de otros retratos ficcionales de las sociedades andinas que debido al modo en que la ficcionalizan contribuyen a reproducir estereotipos discriminadores de los andinos rurales: allí están Lituma en los Andes de MVLl, donde se encuentra claramente el mismo argumento de los sacrificios humanos, o la película Madeindusa que proyecta amoralidad instrumental en los personajes andinos que construye.

Debido a los datos etnográficos sobre la peregrinación de Quyllurit’i que introduje arriba se me puede acusar de no poder imaginar a los andinos como sujetos de ficción. Se me reclamara, pero Chaska es solo una ficción, no hay porque hacerse bolas.

Pues si hay por que hacérselas. La primera razón es porque la leyenda urbana del sacrificio humano andino, gracias a artículos periodísticos, crónicas en revistas de turismo y libros de divulgación poco serios, es considerada verosímil por un buen sector urbano. Esto es, su carácter ficcional por lo menos puesto en duda. Entonces una ficción que se construye en base a esta contribuye a reproducirla.

En segundo lugar, tal como Gisela Cánepa elabora para el caso de Madeinusa,[2] el problema de apelar a la leyenda urbana del sacrificio humano andino, en Chaska o en Lituma en los Andes, no radica en que los andinos no sean así ‘realmente’ sino justamente en la forma como se los ficcionaliza: como irracionales asesinos-suicidas ciegamente creyentes en rituales mágicos, en Lituma con el cariz de salvajes ignorantes, en Chaska barnizados bajo la espectacularidad de la música/danza/acrobacia y el romanticismo bucólico de una otredad andina esencial. Las referencias en ambos casos son demasiado claras y directas a la población rural quechua para poder lavarse las manos y escudarse en la justificación de la ficción.

El mito del sacrificio humano andino contemporáneo está emparentado a ciertas fobias esencialmente ligadas a formas de discriminación. De esta leyenda urbana al miedo irracional a que ‘bajen los indios’ que cundió en las ciudades durante las rebeliones campesinas de los 20s de las que nos habla Flores Galindo en Buscando un Inca, de la calificación de ciertos grupos andinos como ‘milenaria y esencialmente violentos’ como en su momento se sostuvo sobre los iquichanos para tratar de explicar la muerte de ocho periodistas, o el apelar a una explicación exclusivamente culturalista para entender los linchamientos en Puno, hay corto trecho tal como lo explican Marisa Remy en el articulo citado, el trabajo de Cecilia Mendez sobre los iquichanos o Gisela Canepa en su texto sobre los sucesos de Ilave.[3]



[1] Remy, M. I. 1991. "Los discursos sobre la violencia en los Andes. Algunas reflexiones a propósito del Chiaraje," in Poder y violencia en los Andes. Edited by H. Urbano and M. Lauer. Cusco: CBC.

[2] Cánepa, G. 2006. Discriminación y ficción en Madeinusa, o acerca del carácter discriminatorio de Madeinusa y de la imposibilidad de imaginar al individuo andino como sujeto de ficción.

[3] Cánepa, G. 2004. Los antropólogos y los sucesos de Ilave. Quehacer

Aqui la pagina oficial de Kusikay y Chaska

Otras crónicas:

Cusco travel guide

Peru21

Correo

foto de aqui

jueves, 13 de marzo de 2008

Más sobre las protestas en Cusco - texto de Jorge Millones (versión fnal)

Y ES QUE HAY ALGO MÁS, QUE A SIMPLE VISTA NO SE VE

Debajo de las agendas enarboladas por las marchas y paros en Cusco, hay algo que en verdad no se ve, pero se mueve. Hay que ajustar un poco la mirada nomás y sacarse los lentes estructuralistas y economicistas. Por eso, me parece notable el enfoque de Guillermo Salas sobre la ideología y las mentalidades en Cusco. Visibilizan un tejido mental en proceso, con la potencia de preludiar algo mas articulado, pero no abstracto, sino sobre la base de cosas muy concretas, que se articulan lamentablemente, solo como negatividad, como crítica, digamos como una “rabia”, pero como comienzo esta muy bien.

Son reivindicaciones que suelen salir de tanto en tanto, pero por lo tradicional de las formas de protesta, por lo tradicional de las organizaciones sociales y la manera igualmente tradicional de ver la política de la Asamblea Regional y las organizaciones sociales, no se visibilizan. Detrás de las jornadas de protesta en el Cusco, debajo del rechazo de las leyes contra el Patrimonio, hay una serie de “rabias” que emergen. Al ver la tele, probablemente la mayoría diga: “¡Encima de todo lo que tenemos que pasar para sobrevivir, nos insultan y nos quieren quitar el patrimonio!”.

“Todo lo que tenemos que pasar para sobrevivir”. Justamente, la primera “rabia” es muy concreta, muy real, muy física. Tiene que ver directamente contra el costo de vida, lo que nos cuesta a la gran mayoría seguir vivos en un país como este. Eso nos remite al modelo económico, al modelo que desde Fujimori, lejos de cambiar, se ha radicalizado: el Neoliberalismo. Y aunque Fujimori este siendo juzgado, y, esté Montesinos preso, el modelo económico que impusieron con una dictadura, continúa. La agenda neoliberal y privatista es intocable, y los medios de comunicación critican, pero dentro de estos inamovibles marcos, jamás imaginan la posibilidad de razonar por fuera de esto. A lo mucho, las noticias más críticas son por la mala gestión de lo establecido, pero no se critica lo establecido sistémicamente. La traición del toledismo y del aprismo al pueblo peruano, es evidente, cuando miramos su derrotero económico.

La segunda “rabia” tiene que ver con la exclusión. En Cusco sentimos (recalco sentimos) que Lima nos excluye. ¿Y de qué nos excluye? Para empezar del “desarrollo” que lograrán con nuestros recursos naturales. Desarrollo que no nos desarrolla, sino que nos enrolla, de problemas. Todos los megaproyectos de desarrollo a partir de nuestros RRNN, todos, han traído como consecuencia, desastres ambientales y desalojo de comunidades. La construcción de grandes carreteras, de gaseoductos y de mineras, trajo como consecuencia cualquier cosa menos “desarrollo”. ¿O será que el desarrollo es justamente eso, la indiscriminada construcción de moles tecnológicas, de concreto y nada más?

Y aquí salta otra cosa que moviliza, pero aún no se expresa políticamente: Autonomía Regional, que se expresa en la gestión democrática y participativa de nuestros recursos naturales y de nuestro patrimonio. Pero no, el gobierno sigue diciendo que lo nuestro es del ESTADO, y, todo sigue igual: centralizado y nosotros excluidos...

El manejo centralizado de los recursos, impide que los pueblos y las regiones puedan llevar sus destinos, causando dependencia y sometiéndose a los dictados del gobierno central: “Si te portas mal, no te doy recursos, te castigo” Así lo dejó entrever hace poco Del castillo y Alan tuvo que salir a apagar el fuego. Y en los pueblos como el cusqueño, cada cierto tiempo, en las marchas y protestas con motivo de cualquier cosa, saltan consignas sobre Autonomía Regional.

La ley de la Selva, las leyes de inversión en Cusco, etc. Todas estas medidas se hacen sin diálogo, se piensan y tramitan en Lima en un Congreso que es la institución más deslegitimada, que ha salvado la cabeza a una congresista aprista que debió irse presa, en el mismo momento que en una comunidad los abigeos hacen de las suyas: como se ve, también te excluyen de la justicia.

Además, nos excluyen del derecho a visitar nuestro propio patrimonio. En las autoridades centrales, existe una voluntad antidemocrática, lo demuestran las leyes que salieron, sin una conversación directa con las autoridades del Cusco, sin una convocatoria a las organizaciones sociales.

Desde hace muchos años, el Patrimonio Monumental ha sido desligado del patrimonio que lo forjó, el Patrimonio Cultural Inmaterial, es decir, el espíritu colectivo que sostenido en una historia, lo construyó. Los portadores más legítimos de ese espíritu colectivo, no son evidentemente las autoridades de Lima, los medios de comunicación, los periodistas, los intelectuales, los políticos, ni siquiera los mistis cusqueños, son las comunidades indígenas, sus pobladores, sus organizaciones y sus dirigentes.

Sin embargo, tanto el Estado (INC, museos, universidades, municipios, etc) como la empresa privada (grandes hoteles, empresas ferroviarias, restaurantes, etc) marginan (económica y culturalmente) a los pueblos que por derecho (justamente) de patrimonio, les correspondería ser los más privilegiados. Por el contrario, el circuito turístico incluso de la plaza de armas del Cusco (discotecas y restaurantes) margina a cualquier persona que sea de piel oscura. Cualquier indígena que ose entrar a tal circuito, es inmediatamente expulsado. A menos que se use sus ropas para tomarse fotos con los gringos.

La creación del Perú, no supone automáticamente que los comuneros quechuas son inmediatamente peruanos. Ese es un proceso de inclusión muy complicado, si algo reveló las últimas elecciones, es la cantidad de gente de comunidades que no tiene un DNI, salud, educación bilingüe, entre otros tantos derechos básicos que debe tener un ciudadano. Bueno pues, tampoco tiene derecho a visitar el patrimonio que les fue legado por sus ancestros, más directamente que a otros peruanos, con DNI, con educación, con salud, y con “patrimonio”. Los cusqueños quieren ser parte del Perú, pero no sólo como una postal turística para los gringos, sino con ciudadanías interculturales efectivas.

Otra exclusión fue la APEC, que dicho sea de paso, mientras siga este modelo neoliberal, no nos beneficia en nada, la señora de los anticuchos, seguirá igual con APEC o sin ella. Ahora, no nos da rabia que nos hayan excluido de la APEC, los que pierden son ellos, igual van a venir a ver Macchu Picchu, lo que nos da rabia es que nos hayan “castigado” con eso. Como si fuésemos menores de edad “¡Qué se creen estos limeños para castigarnos!”, se escuchaba por las calles de aquí.

Y aquí surge otra “rabia”: el menosprecio. El no reconocimiento de lo legítimas que son las luchas cusqueñas. Como se lo dijeron a Del Castillo, aquí en Cusco hace poco, diversas autoridades cusqueñas: “Usted debe desagraviar al pueblo cusqueño”. En nombre de todos aquellos tuvo que hacerlo. Y el menosprecio que ha llegado hasta el insulto, no es sólo político, es también racista, y creo que ese es el tema que subyace a muchas opiniones políticas.

En ese tenor, tenemos un acumulado de tensiones producidas por ataques racistas, que vienen desde Lima, o como bien dice Guillermo Salas en su análisis de la ideología cusqueña, desde lo que ésta ideología interpreta como “Lima”. Desde las elecciones pasadas, los medios y los políticos más “limeños” (léase más racistas, más privatistas, más clase media, más centralistas, más excluyentes, etc) destilan opiniones que acrecientan esta brecha y alimenta la ideología de “Lima la blanca, la horrible, la virreynal•: Ahí tenemos a Florez Araoz, Jaime Baily o Martha Hildebrandt. Cuando Flores Araoz suelta comentarios tipo: “Qué le vamos a preguntar a los auquénidos si se firma o no el TLC, pues”. O en las elecciones, cuando Jaime Baily despotricando contra los que iban a votar por Humala, y dice: “Lo que pasa es que allá, en altura, no llega el oxigeno y la gente no puede pensar bien” Y en le caso de la somnolienta congresista fujimorista, bueno, ya sabemos cómo opina de sus colegas indígenas.

Existe una ideología cusqueña que pinta Lima como “aquel lugar de donde vienen todas las cosas malas”, y después de los comentarios qué cite, cómo no. Pero también existe una ideología limeña que se pinta a sí misma, como un centro de poder, que se autolegitima, que se percibe como “aquellos que deben resolver los problemas del país”. En los medios de comunicación periodistas, analistas y autoridades se dicen entre ellos: “Qué hacemos con Cujco” “Cómo resolvemos lo de Ayacucho”, como si el resto del país no pudiese resolver sus problemas, como si las periferias obligadas de Lima fueran propiedad de algunos limeños.

Lamentablemente, estas “rabias” no se politizan, no encuentran un cauce democrático radical (“radical”, en el sentido de Laclau y Mouffe, no de los medios de comunicación). Y esa es la tarea para lograr un país inclusivo, tumbarse una pared, para el ojo legal es sólo un delito, una trasgresión a los derechos del otro. Lamentablemente esas “rabias”, sí son vistas políticamente por grupos que ven en la violencia una herramienta política de construcción, y ese el peligro, pero más peligroso es negar su existencia y no entender sus orígenes.

Estas manifestaciones populares, políticamente “irracionales”, que aquí hemos denominado rabia, son para el terrible ojo político de Alan García: terrorismo, son las apocalípticas jaurías del hortelano. Ninguno ve, que en esa pared tumbada están las rabias ciegas que actúan así porque no tienen un cauce político, abonando justamente a favor de García y los grandes medios de comunicación de Lima, que en una marcha, buscan siempre la foto de aquel pequeño extremo (extremista) para generalizar con ese extremo a todo el movimiento y deslegitimarlo frente a la opinión pública nacional.

Abrazos cusqueños de un limeño, que ya no dice Cujco, o sea, que no se come las “eses”

Jorge Millones

sábado, 8 de marzo de 2008

Gente decente en el Cusco de las primeras décadas del s. XX.

Este textito fue previamente publicado en Forma 14, 14 de agosto de 2007.


***

El Cusco de las primeras décadas del siglo XX era una ciudad pequeña. Algo más grande que la Calca actual y mucho más pequeña que el Sicuani de nuestros días. La ciudad era básicamente la residencia de los hacendados, el emplazamiento de las ‘instituciones’ estatales y el lugar de trabajo de un pequeño sector que vivía de producir bienes y dar servicios.

En sus casonas de varios patios vivían no sólo las familias dueñas de estas, posiblemente hacendados que a la vez que abogados, médicos o profesores. También residían varias familias que les servían, y los pongos de las haciendas. Además estaban quienes alquilaban cuartos en el primer piso del primer patio, o si tenían menos recursos en el segundo. Las tiendas que daban a la calle alojaban a artesanos: carpinteros, zapateros, sastres. Algunas de estas tiendas también eran chicherías o teterías. En ese Cusco vivían en cotidiana interacción personas de diferentes estratos sociales, de distintos oficios, las elites y el pueblo. Aun en las zonas más decentes de la ciudad este era el panorama, tal como lo encontró Arguedas y nos lo describe en las primeras páginas de Los Ríos Profundos.

Esta interacción constante necesitaba de ideologías que marcaran las diferencias sociales y legitimaran el orden jerárquico. En la sociedad terrateniente del sur de los EEUU durante el s. XIX, por ejemplo, el orden social entre hacendados y esclavos de origen africano estaba legitimado por el fenotipo: los negros eran considerados inferiores y los blancos superiores en todo aspecto. En el Cusco, sin embargo, la apariencia física o el color de la piel no eran útiles para este fin. Y es que ya llevábamos siglos mezclándonos y muchos de los sectores más poderosos compartían el color trigueño y los rasgos andinos de los sectores populares.

Pero construimos la decencia que era un código de honor. Decentes eran los hacendados y los profesionales. Debido a que había por ejemplo manaderos (comerciantes de carne) que ganaban tanto o más que un abogado, la decencia se asociaba no necesariamente con la capacidad económica, sino con la actividad desempeñada. Cuanto menos trabajo físico se hiciera, más decente era la persona. Así los artesanos no eran tan decentes como los abogados o profesores. Ser decente suponía ser refinado, culto, inteligente, virtuoso, justo y tener una sexualidad apropiada. La decencia suponía pues una pureza moral y sexual de la que carecía la gente del pueblo. Esta se adquiría en la cuna, lo que hacía posible que este bien preciado se restringiera a ciertas familias.

Pero al mismo tiempo, de moda con el liberalismo de esa época que proclamaba la igualdad entre las personas, se consideraba que uno podía adquirir decencia a través de la educación. Por ejemplo, Valcárcel en 1914 escribió: “Recibir un titulo profesional es una dignificación que borra los estigmas de procedencia”.

La gente del pueblo, gente que se dedicaba al trabajo manual, era pues ignorante, inmoral y practicaba una sexualidad reprensible. De esta forma se explicaba la supuesta abundancia de madres solteras en las clases populares, lo cual también sucedía en las elites pero era ocultado y negado por las familias decentes.

Esta ideología estaba pues profundamente vinculada al control de la conducta sexual y a las jerarquías de género. Los mestizos del pueblo eran considerados moralmente retrógrados y sexualmente promiscuos: los hombres vistos como padres y esposos poco confiables, las mujeres como incapaces de controlar su lujuria. Frente a ellos, los indios eran considerados sexualmente violentos, y las indias, frígidas.

Conservar la decencia suponía que las clases altas se casaran entre ellas. Sin embargo estos matrimonios no impedían que los caballeros decentes sacaran los pies del plato y tuvieran relaciones con mujeres de estratos inferiores. Dios perdonaba el pecado pero no el escándalo, y estas relaciones y los hijos que producían eran secretos tabúes familiares.

Los caballeros decentes eran el fiel de la balanza, tenían algo así como una infalibilidad moral y por ello estaban predestinados a ocupar cargos públicos. En oposición, las damas decentes podían participar en la vida de la ciudad solamente como madrinas de obras públicas, como reinas de belleza en los carnavales u ofreciendo fiestas en la casa familiar siempre bajo el tutelaje masculino. Cualquier otra actividad pública de una dama constituía una humillación para la familia, y esto incluía las actividades económicas. Transgredir estas normas costaba una fuerte sanción social en la que su honorabilidad sexual era cuestionada. Una relación amorosa impropia colocaba a una mujer decente como victima de su propia trasgresión: Usualmente era abandonada por su amante y dejada de lado por su familia.

De esta forma el control de las actividades de las mujeres constituía una clara forma de diferenciación social: Las vendedoras del mercado o las dueñas de chicherías eran vistas como una desviación, se cuestionaba abiertamente su moralidad sexual y se las consideraba una amenaza al orden establecido.

Al pensar en esa sociedad vemos que mucho ha cambiado en nuestro Cusco. Sin embargo, para que cambien ciertos aspectos de un fenómeno es necesario que otros permanezcan constantes. Frente al escenario de los inicios del s. XX, podríamos cuestionarnos qué es lo que ha permanecido constante y cómo esto se relaciona a las actuales jerarquías entre cusqueños y entre mujeres y varones. Para atizar esta reflexión recomiendo la lectura de Mestizos Indígenas, libro de la antropóloga Marisol de la Cadena del cual he extraído las ideas que aquí presento.

Sonidos alternantes y la “motosidad” del castellano de los quechuahablantes

En 1889 Franz Boas publicaba un pequeño artículo que vendría a ser un clásico de la antropología lingüística: “Sobre sonidos alternantes” (1) discute un fenómeno que algunos de sus contemporáneos atribuían al primitivismo de ciertas lenguas indígenas de América: los indígenas pronunciaban, en sus lenguas, la misma palabra unas veces de una forma y otras de otra. Boas muestra que este fenómeno no era intrínseco a las lenguas nativas sino a la estructura fonológica del lenguaje del oyente. Esto es, el fenómeno se trataba de la percepción alternante de sonido en lugar de una producción alternante de sonido.
Un ejemplo visual que ilustra esto es el siguiente: “Es bien conocido que muchas lenguas carecen de una palabra para verde. Si mostramos a un individuo que habla ese idioma una serie de laminas verdes, el llamará a algunas amarillas y a otras azules siendo incierto el límite entre estas categorías. Algunos colores los clasificará hoy como amarillos y mañana como azules. El solo puede percibir el verde a través del amarillo y del azul.”
Así, la manera cómo percibimos el mundo sigue los patrones del conocimiento y las categorías previas que manejamos. “Se ha encontrado que vocabularios hechos del idioma esquimal, a pesar de haber sido elaborados con marcas diacríticas o alfabetos especiales, muestran evidencia de la fonética de los lenguajes de quienes los han producido. Esto sólo puede ser explicado por el hecho de que cada uno percibe los sonidos desconocidos a través de los sonidos de su propio lenguaje”.
Esto es lo que nos pasa a quienes hemos sido socializados en castellano cuando escuchamos el castellano hablado por personas que tienen el quechua como lengua materna. Y es que las estructuras fonológicas del quechua y del castellano son distintas. Particularmente respecto a las vocales, el quechua de los runas no tiene la vocal castellana ‘e’ ni la ‘i’ sino una intermedia entre ambas, que se produce en un lugar distinto de la boca. Lo mismo pasa con la ‘o’ y la ‘u’. Cuando un quechuahablante pronuncia una palabra castellana que contiene ‘e’ o ‘i’, no usa las estas vocales castellanas sino la vocal quechua intermedia. De este modo los que tenemos el castellano como lengua materna, al no identificar esta vocal como ‘e’ la clasificamos como ‘i’, y viceversa. Así por ejemplo, escuchamos que los quechuahablantes dicen ‘merando’ en lugar de ‘mirando’; y oímos que dicen ‘istaba’ en lugar de ‘estaba’. Lo mismo pasa para la ‘o’ y la ‘u’. Este fenómeno de alternancia en cómo escuchamos la misma vocal quechua (ya sea como ‘i’ o ‘e’ / ‘o’ o ‘u’), es precisamente el mismo al que se refería Boas en su texto del siglo antepasado. Mientras este fenómeno era atribuido a la primitividad de los idiomas indígenas por sus contemporáneos, para nosotros funciona como un indicador de ignorancia o falta de inteligencia. Esto es parte del fenómeno que se conoce despectivamente como el “mote” de los quechuahablantes.
Pero, ¿es que un quechuahablante no puede aprender a pronunciar correctamente el castellano? El aprendizaje del idioma materno es fundamental en la configuración de los tipos de sonidos que podemos producir con nuestro aparato vocal. Nuestros músculos se especializan en producir cierto tipo de sonidos. Es así que cuando uno aprende una segunda lengua la pronunciación siempre lleva la impronta de la lengua materna. Hay quienes hablan mejor que otros una segunda lengua pero por lo general es muy fácil notar cuando alguien cuya lengua materna no es la nuestra, habla en ella. Esto sucede por igual si es que el que habla castellano es un angloparlante, francoparlante o quechuahablante. La cultura moldea nuestros músculos. Es importante notar sin embargo que la “motosidad” de un angloparlante no tiene la misma significación social que aquella de un quechuahablante. Es allí donde nuestras ideologías sobre quien es quien en el mundo atribuyen a estos fenómenos sonoros significados sociales, sin que muchas veces siquiera estemos conscientes de ello.
(1) Boas, F. (1889). On alternating sounds. American Anthropologist 2 (1), 47-54.
--
YAPA
Qué hace Boas en la foto?
Esta posando cómo un danzante Hamats'a sale de la habitación secreta.
Although Boas had taken numerous photographs of posed dancers and ceremonial orators during his field trip, he had no in situ images of the Hamat’sa phase he chose to depict. In order to insure the gestural accuracy of the individual figures, Boas himself posed for a museum photographer in the aspect of each ceremonial player: seated drummers, standing dance attendants, and crouching initiate. He was not the only early anthropologist to do so: both Frank Hamilton Cushing and James Mooney also posed for similar images. These were, after all, the first generation of American fieldworkers, and they may have been promoting the new methodology of participant observation by literally performing their recently acquired embodied knowledge in front of their armchair rivals on the east coast, while recording the evidence for posterity.
Tomado de aquí.

El estado, el quechua y las jerarquías sociales

Ya que me animé a inicial un blog, aqui inserto algunos articulos que publique el año pasado en el suplemento Forma del Diario del Cusco, y que creo no han perdido actualidad.


*****


Trascribo algunos fragmentos de
la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, recientemente aprobada el 7 del presente mes.

Artículo 8

Los pueblos y las personas indígenas tienen derecho a no sufrir la asimilación forzada o la destrucción de su cultura. Los Estados establecerán mecanismos eficaces para la prevención y el resarcimiento de […] toda forma de asimilación o integración forzadas.

Articulo 13

Los pueblos indígenas tienen derecho a revitalizar, utilizar, fomentar y transmitir a las generaciones futuras sus […] idiomas […] Los Estados adoptarán medidas eficaces para garantizar la protección de ese derecho y también para asegurar que los pueblos indígenas puedan entender y hacerse entender en las actuaciones políticas, jurídicas y administrativas […].

Estos fragmentos son particularmente relevantes para comentar sucesos recientes que han llamado la atención sobre la relación entre Estado y los hablantes de idiomas indígenas. Me refiero al encontronazo entre María Sumire, Hilaria Supa y Martha Hildebrandt en el Congreso a raíz del proyecto de ley para La Preservación, Uso y Difusión de las Lenguas Aborígenes del Perú.

Podría ser que algunos piensen que defender la posición de las congresistas Sumire y Supa en el Cusco es predicar a conversos pues los cusqueños solemos ser campeones defendiendo “lo nuestro”. ¿No son patentes acaso nuestros discursos sobre la defensa del patrimonio cultural y de la herencia que nos dejaron los Incas? Pues bien, el problema es que las formas cómo entendemos esta defensa tienden a hacerle el juego a posiciones más cercanas a las de Hildebrant antes que a las de Sumire y Supa. Me explico:

El discurso cusqueñista de las instituciones oficiales tiende a defender el patrimonio cultural (ojo que aquí no hablo de monumentos) entendido fundamentalmente como vestigio de un glorioso pasado. En las celebraciones de la ciudad, en los discursos oficiales, en los eventos culturales se usa el quechua pero restringido a expresiones poéticas, cuando se quiere tocar fibras emocionales regionalistas. Se repite que debemos cultivar la herencia de nuestros antepasados pero la cultivamos abierta y públicamente -cuando lo hacemos- solo con frases pomposas o en el guión del Inti Raymi. Pero, ¿acaso es posible entrar en un banco y hacer una transacción en quechua? ¿Acaso se puede presentar una solicitud escrita en quechua a alguna autoridad? ¿Acaso el Ministerio de Salud ofrece información sobre métodos anticonceptivos en quechua? ¿Acaso los niños quechuahablantes reciben educación en su idioma?

Es obvio que en la región muchísima gente interactúa cotidianamente en quechua y no solo en ocasiones pomposas. El problema es que nuestra sociedad se niega a reconocer al quechua como un idioma en el cual se puede llevar a cabo interacciones consideradas “modernas” como aquellas que se dan en un banco, que se entablan por un oficio a una autoridad, o en un noticiero televisivo. Al mismo tiempo que se celebra el quechua como herencia de los antepasados, aquellos que lo hablan cotidianamente tienden a ser vistos como ignorantes e incultos. Parecería pues que estamos dando la razón a Martha Hildebrant cuando dice “Este proyecto de ley está mal. Pero está bien para quienes quieren estar bien con su conciencia, y mal con la realidad.” Si es que el quechua es ajeno al mundo “moderno” ¿qué sentido tendría que el Estado se comunique con sus ciudadanos en quechua (u otro idioma indígena)? Sería poco realista. No pues, los ignorantes tienen que aprender el idioma de la civilización para interactuar con el Estado que se supone los representa. Así piensa la señora Hildebrant y de algún modo, al encasillar al quechua con lo rural y el pasado, le hacemos el juego.

Para interactuar con el mundo oficial, con las instituciones ‘modernas’, en el mundo de la economía monetaria formal, los hablantes de lenguas nativas no tienen otra alternativa que aprender un nuevo idioma. Los quechuahablantes están forzados a aprender y vivir en un mundo dominado institucionalmente por el castellano. Resulta obvio pues que se trata de una situación de asimilación forzada que perdura ya desde hace varios siglos.

Quisiera subrayar que el problema fundamental aquí no es la defensa de algo que está desapareciendo. Que el quechua esté desapareciendo es antes la proyección de los deseos de su desaparición que una realidad sociológica y es una cantaleta que se viene repitiendo desde hace ya bastantes décadas. Esta defensa es funcional para nuestro orgullo regional y para situar al quechua en un espacio ajeno a lo contemporáneo. Lo que realmente está en juego no es la pervivencia del quechua sino la de las jerarquías sociales que se legitiman a través de las desiguales valoraciones del castellano y del quechua. En tanto el quechua siga siendo asociado esencialmente al pasado glorioso, a lo rural, y a lo tradicional las desigualdades y jerarquías de nuestra sociedad seguirán tal cual. Se necesita pues asumir que el quechua y cualquier otro idioma indígena son tan útiles como el castellano para toda interacción social. Y asumir esto solo se logrará a través de la práctica social, de políticas públicas, de acciones concretas.

Esto es urgente y además es, de acuerdo a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblo Indígenas (elaborada con activa participación peruana), un deber del Estado. Ese es un camino que no podemos ignorar si es que queremos una sociedad más democrática, inclusiva y tolerante. Deberíamos ya estar todos concientes de esto luego de la macabra realidad que nos enrostró la CVR: 3 de cada 4 víctimas fatales de la violencia política eran hablantes de algún idioma indígena. ¿Necesitamos un dato más brutal? Tal como el Artículo 43 de la citada declaración menciona, garantizar este derecho (y muchos más contenidos en ese documento) no es algo generoso o simplemente políticamente correcto. Se trata de hacer lo mínimo: Los derechos reconocidos en la presente Declaración constituyen las normas mínimas para la supervivencia, la dignidad y el bienestar de los pueblos indígenas del mundo.

jueves, 6 de marzo de 2008

videito manda

Encontré estos videos en los que uno puede hacerse una idea de cuan masivas fueron las protestas en el Cusco.

Este primero es del 23 de enero y muestra las marchas en el centro de la ciudad. Si observan bien al inicio del video hay unos turistas marchando con los guías de turismo (claro esto lo deduzco solo por el fenotipo que no es evidencia concluyente). Mas importante es notar la masiva participación femenina en las protestas. ¿Serán estas personas las que se movilizan por temor a ser desplazadas por las inversiones de hoteles 5 estrellas como afirma Rosa Maria Palacios?



Este otro es del 22 de febrero. muestra a los pobladores de los barrios de la zona noreste del Cusco marchando hacia Saqsayhuaman donde cantan el Himno al Cusco y se apostan en los andenes que dan hacia la ciudad.



Así se informo en TV Peru:



Reitero: Las protestas en el Cusco fueron notablemente masivas y notablemente pacificas.

martes, 4 de marzo de 2008

¿Por qué los cusqueños siguen protestando a pesar que se modificaron las leyes?

Aquí va mi intento de explicación de estas misteriosas protestas para quienes tienen algún interés en entender lo que esta pasando en el Cusco. Espero que contribuya en algo. No es una explicación simple pues el problema tampoco lo es. Empecemos:

Para los cusqueños los sitios inca son sagrados. Esto lo suelen decir explícitamente muchísimos cusqueños, lo que es profundamente cierto en un sentido amplio de lo sagrado. Tal como Maurice Godelier sostiene, las únicas cosas que no están sujetas al intercambio, aquellas de las que un grupo no puede desprenderse, son las que definen la identidad colectiva. Justamente en esto consiste su sacralidad. En la mayoría de culturas de pequeña escala se trata efectivamente de objetos sagrados en un sentido estrecho de lo sagrado y lo religioso.[1] Sin embargo en un sentido más amplio también se tienen objetos y lugares sagrados en las sociedades capitalistas. Por ejemplo, los íconos nacionales están profundamente ligados a identidades colectivas. Nadie podría negar por ejemplo que el Arco del Triunfo en París, con sus interminables listas de batallas ganadas y donde como en muchos otros templos se cuida un fuego inextinguible, es un lugar sagrado del nacionalismo francés. Lo mismo se puede decir del Museo Británico que muestra a sus visitantes la celebración de una diáspora imperial esencial en la emergencia de Gran Bretaña --y el Reino Unido-- como potencia mundial.

Los monumentos incas son la prueba fehaciente de lo que los incas fueron capaces de hacer y ocupan un lugar fundamental en la constitución del cusqueñismo contemporáneo. Los incas además de ser considerados ancestros por los cusqueños contemporáneos, son héroes civilizatorios, imaginados como forjadores de una sociedad utópica en contraposición a la poco utópica realidad que se vive en el presente. Este regionalismo es, como toda ideología, una construcción social. La gran mayoría de cusqueños contemporáneos, más allá de sus diferencias de clase y de cultura, y ciertamente con matices distintos, consideran los sitios incas como sagrados. Esto es un hecho social, y en tal sentido es real pues ningún individuo por si mismo puede cambiar eso por más que le moleste o le parezca ‘huachafo’.

Quizás habría que recalcar que esta relación entre los cusqueños y los monumentos incas es diferente a como se dan estas relaciones en otras regiones del país. Si bien hay lugares en el sur andino en que este tipo de relación es algo similar (como por ejemplo en Ayacucho con los Wari, o en Andahuaylas con los Chanka) no se da en la intensidad en que se expresa en Cusco, debido en parte a que los incas fueron el imperio más poderoso y extenso, lo que esta inscrito en la monumentalidad de su arquitectura que rebasa en ámbito cusqueño (e.g. Viscashuaman, Huánuco Viejo), además de ser el más reciente entre los estados prehispánicos. Esta particular forma de construcción de identidad regional ciertamente es muy diferente a lo que pasa en Lima. Quienes acuden a la huaca Pucllana lo hacen porque hay un espectáculo de danza moderna o porque quieren comer en el restaurante (...y pueden pagar estos antojos). La huaca Pucllana no es pues sagrada para aquellos pocos que ‘la visitan’. Menos aun visitan Puruchuco que ha quedado bastante arrinconado por construcciones, entre ellas el Estadio Munumental de la U, de lejos un santuario mas importante para muchísimos limeños. Estas diferencias ideológicas hacen que, con facilidad, los limeños tiendan a percibir chovinismo en los cusqueños.

Es cierto que esta ideología, como cualquier otra, tiene sus bemoles y ha sido construida, en parte, en oposición a Lima o lo que es y ha sido Lima en el imaginario cusqueño. Esto tiene una larga historia que se puede rastrear a principios del s. XVIII, es clara en los primeros años de la república, en el desmantelamiento de la Confederación Perú Boliviana o en el indigenismo cusqueño de la primera mitad del s. XX. Cierto es también, como esta ocasión demuestra claramente, que desde Lima se ha hecho mucho más de lo suficiente para alimentar y reconfirmar una visión esencialmente negativa de Lima en el Cusco.[3]

Pero estos lugares no solo son sagrados, sino que son los que en gran medida han permitido el desarrollo del turismo hasta constituirse en la principal actividad económica de la región. Los cusqueños en general tienen simpatía por los turistas que vienen a admirar los sitios inca, el paisaje, la arquitectura y arte colonial. El hecho mismo que gente de tan diferentes partes del mundo considere que los monumentos incas y los demás atractivos de la región son dignos de costearse un largo viaje no hace sino reafirmar la sacralidad de estos monumentos y el orgullo regional cusqueño.

Sin embargo en la última década, el crecimiento del turismo, la llegada de grandes inversiones extranjeras ha hecho patente algunas contradicciones que ya venían emergiendo desde los ochenta. La doble cualidad de los sitios inca, como lugares sagrados y como atractivos turísticos, hace que los cusqueños sean particularmente sensibles al turismo de varias maneras.

Una primera es que al incrementarse restaurantes, hoteles, y servicios para turistas de élite, al mismo tiempo ha crecido una sensación de exclusión. Esto es evidente en el centro de la ciudad en el que, con contadas excepciones, han desaparecido los lugares a los que los cusqueños acuden a comer, tomar un café o una cerveza. Por un lado tiene que ver con una cuestión de precios pero, por otro, es porque los cusqueños (y los peruanos en general) tienden a ser tratados como clientes de segunda. Existen no pocos restaurantes en los que es no se encuentran cartas en castellano. Los mejores lugares a los que acuden los cusqueños de clase media a comer una pizza, por ejemplo, hace ya buenos años que no se encuentran en el centro de la ciudad. Obviamente esto es algo que tiene que ver con clases medias urbanas para cuyos padres el centro de la ciudad era suyo.

Un segundo problema, mas amplio y que cruza las clases sociales y diferencias culturales, es que existe la percepción que los beneficios del turismo, que es posible por la existencia de estos lugares sagrados, beneficia mucho a pocos y muy poco o nada a la mayoría. A veces expresada en términos maniqueos (el turismo no beneficia a los cusqueños) o en forma más matizada, es una percepción generalizada en la mayoría y tiene pues algo de cierto. De acuerdo a los datos de la Dirección Regional de Turismo:

En el 2007, solo la actividad turística representó para el Cusco 420 millones de dólares […] La mitad de esos recursos (210 millones) se queda en poder de 20 grandes empresas turísticas que no reinvierten en la región en esa misma proporción. El otro 50% se reparte entre las microempresas de taxistas, las agencias de viajes, los artesanos, los guías y otros servicios menores vinculados al turismo.

De los 210 millones –dice Jean Paul Benavente, director regional de Turismo– la empresa Perú Rail (la operadora monopólica de la línea férrea Cusco-Machu Picchu) se queda con el 20%, los hoteles de 4 y 5 estrellas con el 15% y las instituciones públicas como el INC y las municipalidades con el 7.5% (por los ingresos a los monumentos arqueológicos que se reinvierten en su conservación).[4]

Por otro lado la población de la región del Cusco es muy pobre (“El 51% de su población vive en situación de extrema pobreza, hay 23% de analfabetismo, 45% de los niños sufre de desnutrición crónica y el 30% de la población carece de servicios de electricidad, agua y desagüe.[5]). Las provincias más pobres de Cusco se encuentran con índices de desarrollo humano similares a países pobrísimos (estas ocuparían el puesto 153 y 154 en el ranking mundial del desarrollo humano que va de 1 a 177). .

No solo el Cusco es una región pobre (se encuentra en el puesto 20 de 24 en el ranking entre regiones del país de acuerdo al índice de desarrollo humano), sino que es – luego de Lima – la región que presenta mayores desigualdades entre sus habitantes de acuerdo a este mismo índice desarrollado por el PNUD.

Distrito con más alto y más bajo
Índice de Desarrollo Humano (IDH) por región.
Informe de Desarrollo Humano 2006.


Región

Ranking (1-24)

Distrito con
más alto IDH

Distrito con
más bajo IDH


Diferencia

Lima

1

0.8085
San Isidro

0.5034
Andajes

0.3051

Tacna

2

0.6879
Tacna

0.5864
Estique


0.1015

Ica

3

0.6716
Ica

0.5757
San Pedro de Huacarpana

0.0959

Cusco

20

0.6252
Wanchaq

0.4309
Ccarhuayo

0.1943


Apurímac


23

0.5893
Abancay

0.4462
Progreso

0.1431

Huancavelica

24

0.5474
Huancavelica

0.4013
Huayllay Grande


0.1461

Fuente: Elaboración del autor a partir de PNUD-Perú. 2006. Hacia una descentralización con ciudadanía. Informe sobre Desarrollo Humano Perú 2006. Lima.

Si se combinan estos elementos tenemos que el notorio crecimiento de la inversión extranjera en el turismo local en la última década ha sido percibido cada vez más por la mayoría de cusqueños como un doble proceso que involucra a los lugares que definen y que está en el corazón de su ser cusqueño: Por un lado estos lugares son percibidos como cada vez más controlado por extraños. Por otro, la riqueza que es generada gracias a estos lugares sagrados termina beneficiando a un pequeño grupo y a grandes compañías foráneas mientras las mayorías empobrecidas son dejadas de lado.

No sorprende pues que una norma que promueva la adjudicación de áreas aledañas o contiguas a estos sitios incas a empresas capaces de construir negocios orientados a turistas de élite (hoteles de mínimo 4 estrellas y restaurantes de mínimo 4 tenedores) provoque la indignada oposición de la gran mayoría de cusqueños. Esta norma no solo es percibida como más de lo mismo, sino que es vista como sancionando la enajenación de los lugares sagrados y su profanación a manos de capitales extranjeros.

Llegado a este punto, tanto los representantes del gobierno como un buen grupo de medios de comunicación de la capital me dirían airadamente: ‘Pero la ley ya ha sido modificada, y depende de la autoridad regional que la norma se aplique o no en cada región, No tiene sentido que los cusqueños hicieran un paro de 48 horas y ahora amenacen con uno de 72’. Y luego formular alguna versión de la teoría de la compulsiva irracionalidad cusqueña.

Para explicar la persistencia de las protestas hay que articular varios elementos:

Respecto a la norma en concreto habría que decir que ha sido percibida como una imposición vertical desde la capital. No se hizo ningún esfuerzo por explorar cuales podrían ser las reacciones ni en consultar a las autoridades regionales. Como dijo Yehude Simon, presidente de Lambayeque, si el Gobierno y el Congreso hubieran dialogado con las regiones antes de tomar decisiones se habrían evitado por lo menos tres de los conflictos recientes (el que nos ocupa, el del tercio superior, y el paro agrario) (Somos 1107). El gobierno y el congreso, así como mucho de la prensa capitalina, demuestran un desconocimiento supino de las particularidades culturales de las distintas regiones del país, de modo que como mínimo deberían consultar para que las cosas no les estallen en la cara.

Metida la pata, la modificación de las normas no pasó por el dialogo sino que fue realizada unilateralmente por el Congreso. La modificatoria no guardó las formas mínimas de un acercamiento y diálogo. Aquí también hay que decir que el presidente regional no acepto un llamado de Jorge del Castillo a dialogar sobre el problema. Ademas, se me dirá que de acuerdo a la Constitución tomar estas decisiones y emitir leyes son atribuciones Ejecutivo y del Congreso. Pues bien, si es que eso trae como consecuencia estos problemas (ojo que este no es un problema aislado sino que los problemas con las regiones son múltiples) es obvio que hay que cambiar la forma en que estas políticas y decisiones son tomadas de modo que se incluya en este proceso a las autoridades regionales. Aferrarse a como están establecidas las reglas no va a solucionar las protestas. Lo que tiene que cambiar es la normatividad para ajustarse a lo que exige la sociedad. Esto es más urgente cuando hay un proceso de transferencia de funciones a los gobiernos regionales que es sumamente reciente y que fue iniciado de una manera improvisada por decir lo menos.

Realizada la modificación de esta forma, en el Cusco se percibió que esta era una manipulación centralista para aparentar que las cosas estaban bien. Los ánimos ya estaban demasiado caldeados para que los cusqueños se convencieran que esta modificación efectivamente solucionaba el problema. Aquí es clave el asunto de la desconfianza en todo el aparato del estado, incluidas las autoridades regionales y locales. Esta desconfianza no se explica por el resultado de una educación que cultiva el resentimiento, como Gustavo Rodríguez sugiere. Los cusqueños solo tenían que ver la televisión y leer los diarios que llegaban de la capital la forma en que se describía y comentaba su protesta para desconfiar de las autoridades nacionales y de los mismos medios. Como las falsas promesas, los cambios de planes de gobierno, el ninguneo a los campesinos y las mecidas a los sectores populares son pan del día en el país, es obvio que sería irracional confiar en las autoridades y en el estado. Los cusqueños y los peruanos en general no tenemos motivos racionales para confiar en el Congreso, en el Ejecutivo ni en el Poder Judicial, y tampoco en los medios de comunicación. Esto es sumamente evidente en muchas encuestas de opinión. El gobierno no está haciendo más que fomentar y reafirmar esta desconfianza.

Esta desconfianza también se expresa y es parte de la fuerte fragmentación de la representación política y carencia de liderazgos. Este tampoco es un fenómeno cusqueño sino peruano (para no ir más lejos). Gracias a esta crisis es que el señor García se encuentra donde se encuentra luego de su desastroso primer gobierno. Ya antes de las protestas tanto el presidente regional como la alcaldesa provincial tenían muy poca aprobación. Para el ciudadano de a pie y para los medios de comunicación locales tanto la alcaldesa como el presidente regional ‘no hacen nada’, ‘no hay obras’. Es falso que estas autoridades hayan instigado las protestas para salvarse de la revocatoria. Contrariamente a lo que se dice en medios capitalinos, estos se subieron al carro de las protestas una vez que ya era evidente su contundencia. Si del primer paro ya habían salido magullados, su inicial falta de apoyo al paro de 48 horas no hizo sino agravar su situación de desprestigio. Pero el disgusto de la ciudadanía no solamente estaba dirigido a las autoridades regionales y locales. Ya había un fuerte descontento con el gobierno central. Hay que recordar que el señor García no ganó las elecciones en el Cusco ni en el Sur Andino. Si a eso añadimos que no ha cumplido con sus promesas de la campaña electoral (revisión del TLC, impuesto a las sobreganancias mineras, rebaja de las tarifas de los servicios básicos, y en general, ‘cambio responsable’) tenemos que este rechazo se torno en un malestar más profundo. Con el aumento de precios de los artículos de primera necesidad que se viene dando esto solo recrudeció más.

Este malestar con las políticas del gobierno central no era simplemente un malestar construido en las conversaciones familiares o de amigos. Lentamente en los últimos años se han ido reconstituyendo las organizaciones populares que fueron desarticuladas durante la época de la violencia y la dictadura fujimorista. Otras nuevas además han venido emergiendo. El tejido de organizaciones populares en el Cusco ha ido fortaleciéndose. Se trata de gremios antiguos como la Federación Agraria Revolucionaria Túpac Amaru del Cusco, la Federación Departamental de Trabajadores del Cusco, el Sindicato de Construcción Civil y Artes Decorativas, Mercados Unidos o la Federación Universitaria Cusco. También han emergido múltiples pequeñas organizaciones de base como asociaciones barriales, redes juveniles, grupos de artistas contraculturales, emergentes formas de movimientos indígenas, activistas feministas, grupos ecologistas de distintos matices, una vital movida punk, entre otros. Existen asimismo esfuerzos de articular estas heterogéneas organizaciones reflejadas en la emergencia del Foro Solidario Cusco cuyas primeras reuniones coincidieron con el paro regional de 48 horas.

En el paro de 48 horas, en las calles, no se protestó solamente por las leyes en cuestión sino que se criticaba abiertamente la política económica y el inclumplimiento de las promesas electorales del gobierno, se expresaba el profundo malestar por los insultos y la arrogancia gubernamental y de ciertos medios capitalinos, se criticaba abiertamente a la jerarquía eclesiástica y el manejo de los bienes monumentales manejados por esta, circulaban panfletos reclamando unos una Asamblea Constituyente, otros que el Perú adopte un sistema federal, y los más radicales proponiendo la independencia del Cusco (argumentando que con el turismo, el gas y las minas presentes en la región bastaba y sobraba riqueza para construir una sociedad mejor sin la tutela limeña).

Con este panorama, es muy probable que la plataforma de reclamos para el anunciado paro de 72 horas sea ampliado más allá de la derogatoria de las leyes 29164, 29167 y 29202. Asimismo los dirigentes de las protestas cusqueñas están haciendo esfuerzos para coordinar una plataforma de paro macroregional que incluya al menos Arequipa. Apurímac y Puno. La gente está muy molesta en el Cusco. Tal como está actuando el gobierno, dado el debacle de la aprobación del presidente regional y la alcaldesa provincial y con la heterogeneidad de las organizaciones involucradas en la organización de las paralizaciones dudo mucho que pronto el malestar cusqueño se apacigüe.



[1] Godelier, M. 1998. El enigma del don. Barcelona: Paidós.


[3] Ver, por ejemplo, Méndez, C. 1995. Incas sí, indios no : apuntes para el estudio del nacionalismo criollo en el Perú, 2. edition. Lima: IEP; Walker, C. 1999. Smoldering ashes : Cuzco and the creation of Republican Peru, 1780-1840. Durham: Duke University Press; De la Cadena, M. 2000. Indigenous Mestizos : the politics of race and culture in Cuzco, Peru, 1919-1991. Durham, NC: Duke University Press; Fisher, J. 2000. El Perú Borbónico. 1750 - 1824. Lima: IEP; Tamayo Herrera, J. 1980. Historia del indigenismo cuzqueäno, siglos xvi-xx. Lima: Instituto Nacional de Cultura.

[4] Huilca, Flor. Detrás de la Postal. Domingo. Suplemento del diario La República. 24 de febrero de 2008.

[5] Huilca, Flor. Detrás de la Postal. Domingo. Suplemento del diario La República. 24 de febrero de 2008.