Luego que muchos comentaristas lanzaran improperios contra los cusqueños y sus protestas, algunos pocos empezaron a preguntarse si es que había alguna explicación racional al respecto. Ya es un avance, ¿no?
Para Fritz Du Bois la razón de las protestas es la mediocridad de los empresarios cusqueños. Se hacen porque estas “aparte de ahuyentar a turistas, también correrán a los nuevos inversionistas, cual podría ser el objetivo real de los que están detrás de la protesta, ya que los protege de la competencia.”
En vena similar, pero sin aires despectivos, Rosa Maria Palacios desarrolla estas ideas. Sostiene que las protestas solamente se dan en Cusco porque es la única región donde el patrimonio cultural constituye una fuente de ingresos económicos. Sucedería que esta…
… ley reserva para la gran inversión privada (hoteles de cinco estrellas y restaurantes de cuatro tenedores) y, probablemente, extranjera (por los capitales de los que debe disponer) zonas contiguas a monumentos que hoy se encuentran invadidas de pequeños comerciantes que venden artesanías, así como de hoteles de bajo presupuesto. Estos (que son miles) van a tener que competir con la gran inversión o, peor aún, corren el riesgo de ser desalojados en el ánimo de formalizar estas zonas, sujetos al futuro arbitrio (léase coima) del INC o del gobierno regional.
Si bien la ley es buena y las medidas violentas tomadas por los cusqueños incorrectas, y en algunos casos delincuenciales, el temor es racional. Nadie quiere quedar fuera del mercado. El bolsillo primero, aunque para afuera estos opositores se presenten como "los defensores del patrimonio". Del patrimonio personal, deberían decir los cusqueños para ser sinceros.
Hay que hacer notar que aquí nuevamente se habla de protestas violentas, lo cual es en gran medida falso tal como lo expliqué extensamente. Más allá de esto, la explicación de Palacios peca de reduccionismo económico y simplemente está equivocada.
Contrariamente a lo que ella piensa, no hay tantos pequeños hospedajes alrededor de sitios arqueológicos. En sus entrevistas con Carlos Bruce y Hugo Gonzales Sayán , pone a Ollantaytambo como ejemplo de esto. Pero allí, los pequeños hospedajes y restaurantes funcionan en propiedades privadas, y los señores que venden artesanías en la plaza antes de ingresar al sitio arqueológico no pasan de cien. Si es que se concesiona algo en Ollantaytambo tendría que hacerse dentro del sitio arqueológico, esto es, literalmente al lado de los impresionantes andenes del monumento y con toda seguridad destruyendo evidencia arqueológica lo cual obviamente seria una atrocidad.
La inmensa mayoría de pequeños hospedajes en la región no se encuentran al costado de sitios monumentales. Además, sus clientes no son ni remotamente aquellos que van a hoteles de cinco estrellas. Los hoteles de cinco estrellas y restaurantes de cuatro tenedores no son competencia de los pequeños hoteles ni restaurantes.
Las familias que viven de pequeños hoteles y restaurantes no son tan numerosas ni tienen tantas influencias como para orquestar las masivas protestas que se han venido dando en Cusco. Es más, justamente eran estas familias las que estaban más preocupadas con las paralizaciones pues dependen de sus ventas diarias para sobrevivir.
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